REFLEXION 24: EL AGOTAMIENTO DE SER FUERTE SIEMPRE

Hay una especie de reconocimiento silencioso hacia quien nunca se rompe. No se aplaude en público, pero se espera en privado: estar bien, responder, sostener, seguir. Como si la fortaleza no fuese una elección puntual, sino una responsabilidad constante. Y en medio de ese acuerdo no firmado, uno aprende a ocupar su lugar sin hacer demasiado ruido, porque lo importante parece ser que todo continúe funcionando.

Con el tiempo, esa posición deja de ser circunstancial y se convierte en una forma de estar en el mundo. No siempre se cuestiona, porque ha dado resultados: se ha salido adelante, se han evitado conflictos, se ha cumplido con lo que tocaba. Pero también empieza a surgir una sensación difícil de nombrar, una mezcla entre cansancio y desconexión, como si sostener tanto hubiera tenido un coste que nadie enseñó a calcular.

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