Hoy es 23 DE ENERO DE 2026. Hay días en los que todo parece pedirte más: más claridad, más decisión, más cambios. Como si seguir donde estás fuese sinónimo de haberte quedado atrás. Esa presión silenciosa no siempre grita, pero pesa, y se cuela en la forma en la que te miras.
También está esa sensación incómoda de estar avanzando sin épica, sin grandes gestos que lo justifiquen. Cumples, resistes, sigues… y aun así dudas de si es suficiente. No porque estés mal, sino porque nadie suele hablar de lo que cuesta mantenerse.
La reflexión del 23 DE ENERO DE 2026
Seguir también es valentía.
Hoy sigo, incluso cansado. No por inercia, sino porque quedarme también fue una decisión. Hay días en los que avanzar despacio es lo único honesto que puedo hacer.
Seguir no siempre es fuerza visible. A veces es respeto por lo que ya soy, por no romperme más. No llego tarde: sigo desde mí, y eso también cuenta hoy.
Seguir también es valentía.
¿LO ANALIZAMOS?
Cuando seguir parece poco
A veces lo que pesa no es el camino, sino la comparación constante. Miramos alrededor y concluimos que avanzar debería sentirse distinto: más rápido, más seguro, más visible. Ese pensamiento no es dramático, pero sí desgasta, porque invalida lo que sí está ocurriendo.
Otro error común es confundir constancia con conformismo. Como si seguir fuese rendirse en silencio. Esa mirada es dañina porque reduce todo a gestos grandes y olvida que también hay valor en no soltarse, en no huir de uno mismo cuando el ruido aprieta.
Quedarse donde estás también cuenta
Habitar el punto actual no significa celebrar nada ni justificarlo todo. Es simplemente reconocer el lugar desde el que hoy miras la vida. Sin empujarte, sin exigirte una versión mejorada de ti para sentir que vales.
Seguir, así, se vuelve un acto íntimo. No heroico, no inspirador. Solo honesto. Y en esa honestidad hay algo que ordena: no estás detenido, estás sosteniéndote. Y eso, aunque no siempre se note, también forma parte del camino.
CONCLUSIÓN
A veces lo que pesa no es el camino, sino la comparación constante. Miramos alrededor y concluimos que avanzar debería sentirse distinto: más rápido, más seguro, más visible. Ese pensamiento no es dramático, pero sí desgasta, porque invalida lo que sí está ocurriendo.
Otro error común es confundir constancia con conformismo. Como si seguir fuese rendirse en silencio. Esa mirada es dañina porque reduce todo a gestos grandes y olvida que también hay valor en no soltarse, en no huir de uno mismo cuando el ruido aprieta.
LA OPINIÓN PERSONAL DE ENDIKA
Habitar el punto actual no significa celebrar nada ni justificarlo todo. Es simplemente reconocer el lugar desde el que hoy miras la vida. Sin empujarte, sin exigirte una versión mejorada de ti para sentir que vales.
Seguir, así, se vuelve un acto íntimo. No heroico, no inspirador. Solo honesto. Y en esa honestidad hay algo que ordena: no estás detenido, estás sosteniéndote. Y eso, aunque no siempre se note, también forma parte del camino.
Un fuerte abrazo de un vasco que ha reflexionado.
Visitas: 10
BIENVENIDO A LA PORTADA DE UNA LOCURA REFLEXIVA.
Estas son las reflexiones de un vasco que a lo largo de su vida se han ido almacenando en su cabeza.
