Hoy es 20 DE FEBRERO DE 2026. Hay despedidas que no llegan con gritos ni portazos. Llegan en silencio, cuando ya no queda fuerza para sostener lo que antes parecía irrompible. Y en ese silencio aparece una presión incómoda: la de creer que, si te vas, deberías hacerlo enfadado para que duela menos.
También pesa la idea de que soltar implica señalar culpables. Como si marcharse sin odio fuese una forma de traicionarse a uno mismo. Esa sensación confunde, porque mezcla tristeza con dignidad, y deja la impresión de que cerrar algo sin rencor no es suficiente.
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