Hoy toca el pensamiento 34: El peso de lo no dicho. Hay silencios que parecen tranquilos porque no hacen ruido, pero por dentro pueden ocupar más espacio que cualquier discusión. Lo que no decimos no desaparece; simplemente encuentra otra manera de quedarse con nosotros. A veces callamos para evitar un conflicto, para no decepcionar, para no parecer débiles o, sencillamente, porque creemos que ya habrá un momento mejor. Y así vamos acumulando palabras que nunca pronunciamos, respuestas que dejamos pendientes y emociones que aprendemos a esconder con una habilidad que, vista desde fuera, casi podría parecer admirable.
El problema es que vivimos rodeados de situaciones en las que hablar parece complicado y callar resulta mucho más cómodo. Una conversación que posponemos, una disculpa que nunca llega, un agradecimiento que damos por supuesto, un límite que no nos atrevemos a marcar o una verdad que preferimos guardar para nosotros. No todo silencio nace de la calma. Algunos nacen del miedo, del orgullo, de la inseguridad o de esa costumbre tan humana de pensar que, si no nombramos algo, quizá deje de existir.

Visitas: 3


