Hay momentos en los que uno habla, explica, incluso se abre… y, aun así, siente que no ha sido realmente escuchado. Como si las palabras se quedaran en la superficie, rebotando en miradas distraídas o en respuestas automáticas. Y es curioso, porque en una época donde todo el mundo opina, aconseja y responde, lo que escasea no es la voz, sino la escucha.
En ese vacío, donde lo externo no alcanza, aparece una pregunta incómoda: ¿qué ocurre cuando tampoco te escuchas tú? No como un gesto superficial de atención, sino como un ejercicio real de comprensión. Este espacio no trata de lo que otros hacen o dejan de hacer, sino de ese diálogo interno que muchas veces evitas, postergas o simplemente ignoras.
Seguir leyendoVisitas: 14

