Hoy toca el pensamiento 21: El miedo a decepcionar. Hay un miedo del que se habla poco, pero que condiciona muchas decisiones silenciosas: el miedo a decepcionar. No es un miedo escandaloso ni visible. No aparece en grandes discusiones ni en gestos dramáticos. Se esconde en los pequeños gestos cotidianos: en aceptar algo que no quieres, en callar una opinión, en seguir un camino que en realidad no elegiste del todo. Y, curiosamente, muchas veces lo hacemos con la sensación de estar siendo responsables o incluso generosos.
Durante mucho tiempo se nos ha enseñado que no fallar a los demás es una forma de ser buena persona. Cumplir expectativas, no defraudar, estar a la altura. Pero pocas veces nos detenemos a pensar qué ocurre cuando ese compromiso constante con los demás empieza a generar una presión silenciosa dentro de nosotros. Una presión que no siempre se ve desde fuera, pero que termina influyendo en cómo vivimos, cómo decidimos y, sobre todo, en cuánto espacio nos permitimos ocupar en nuestra propia vida.

Visitas: 7
