Hoy toca el pensamiento 33: Elegirse aunque duela. Hay decisiones que no parecen importantes hasta que llega el momento de tomarlas. Durante mucho tiempo podemos acostumbrarnos a ceder, callar, comprender demasiado o permanecer donde ya no estamos bien, todo con tal de evitar un conflicto. A veces nos han enseñado a cuidar tanto de los demás que terminamos olvidando que nosotros también formamos parte de la ecuación. Y lo curioso es que nadie suele felicitarnos por haber aprendido a desaparecer con tanta educación.
Elegirse no siempre tiene una apariencia amable. En ocasiones significa decepcionar expectativas, cambiar dinámicas conocidas o aceptar que algunas personas no van a entender aquello que necesitamos. También puede implicar enfrentarse a esa incomodidad tan humana de preguntarse qué queda cuando dejamos de vivir pendientes de lo que otros esperan. Porque hay momentos en los que el problema no está en no saber qué queremos, sino en atrevernos a reconocerlo sin disfrazarlo de obligación, prudencia o costumbre.

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