Hoy es 25 DE AGOSTO DE 2026. Hay días en los que el aburrimiento parece una molestia que hay que eliminar cuanto antes. Cogemos el móvil, ponemos algo de fondo, buscamos una conversación o cualquier pequeño estímulo que nos permita no quedarnos demasiado tiempo sin hacer nada.
Nos hemos acostumbrado tanto a estar ocupados que detenernos puede resultar extraño. Cuando no ocurre nada, aparece esa sensación incómoda de estar perdiendo el tiempo, como si cada minuto tuviera que servir para algo y el silencio entre una cosa y otra fuera un espacio que debemos llenar.
La reflexión del 25 DE AGOSTO DE 2026
No huir del aburrimiento
A veces el aburrimiento incomoda porque no hay nada que distraiga lo que llevas dentro. Y quizá por eso intentamos llenarlo antes de atreverte a escucharlo.
Cuando todo se queda en silencio, también puede aparecer una idea, un recuerdo o una parte de ti que el ruido cotidiano no dejaba ver. No todo vacío pide respuesta.
Quizá el aburrimiento no sea vacío, sino espacio.
¿LO ANALIZAMOS?
Cuando el aburrimiento parece un problema
Nos cuesta aceptar el aburrimiento porque lo hemos asociado demasiado rápido con la pérdida de tiempo. Si no estamos haciendo algo, consumiendo algo o pensando en lo siguiente, parece que estamos desaprovechando el momento. Y esa necesidad constante de estímulo termina haciendo que cualquier pausa nos resulte incómoda.
También confundimos aburrirnos con estar mal. Buscamos una pantalla, una conversación o cualquier distracción antes de permitirnos permanecer unos minutos sin nada que hacer. No porque el aburrimiento sea insoportable, sino porque nos hemos acostumbrado a no encontrarnos con nosotros mismos cuando alrededor no ocurre nada.
Cuando no hace falta llenar cada silencio
Quizá este momento no necesite convertirse en nada. Estás ahí, con el tiempo pasando despacio, sin una actividad que lo justifique y sin una emoción especialmente intensa que explique lo que sientes. Y eso también forma parte de estar vivo.
En ese espacio aparentemente vacío pueden aparecer pensamientos que normalmente quedan escondidos bajo el ruido. No siempre serán importantes, ni tendrán que llevarte a ninguna parte. A veces basta con reconocer que estás aburrido sin convertirlo inmediatamente en algo que tengas que evitar.
CONCLUSIÓN
Quizá hemos aprendido a medir demasiado el valor de un momento por lo que ocurre dentro de él. Y, cuando nada parece suceder, aparece la sensación de que falta algo. Pero no todos los momentos necesitan intensidad para tener un lugar en nuestra vida.
Tal vez el aburrimiento también pueda mirarse sin rechazo, como una experiencia sencilla que nos muestra cómo estamos cuando no tenemos nada delante que nos distraiga. Y quizá ahí descubramos que el silencio interior no siempre necesita ser explicado.
LA OPINIÓN PERSONAL DE ENDIKA
Yo creo que hemos convertido el aburrimiento en algo que hay que combatir, cuando muchas veces lo que realmente nos incomoda es lo que aparece cuando dejamos de distraernos. Nos hemos acostumbrado tanto al estímulo permanente que unos minutos sin nada pueden parecernos casi insoportables.
Desde este proyecto no quiero defender el aburrimiento como una virtud ni convertirlo en otra obligación. Simplemente creo que merece dejar de ser tratado como un enemigo. A veces no pasa nada. Y, sinceramente, creo que deberíamos soportar mejor esos momentos en los que no pasa nada, porque también dicen mucho de cómo estamos cuando nadie ni nada consigue entretenernos.
Un fuerte abrazo de un vasco que ha reflexionado.
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BIENVENIDO A LA PORTADA DE UNA LOCURA REFLEXIVA.
Estas son las reflexiones de un vasco que a lo largo de su vida se han ido almacenando en su cabeza.
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