Durante años se ha hablado mucho de la figura de la madre. De su presencia, de su sacrificio, de su influencia emocional en la vida de los hijos. Y, en gran medida, es comprensible. Sin embargo, en ese mismo relato familiar suele quedar una figura más silenciosa, más distante o, al menos, menos analizada: la del padre. No siempre por ausencia, sino porque durante generaciones se le asignó un papel concreto que rara vez se cuestionaba.
La figura del padre no solo se limita a lo que hace o deja de hacer. También está en lo que transmite sin decirlo, en los gestos cotidianos, en las formas de reaccionar ante la vida. De algún modo, todos heredamos algo de esa presencia: maneras de entender el trabajo, la responsabilidad, el afecto o incluso el silencio. Y aunque no siempre seamos conscientes de ello, muchas de esas huellas terminan acompañándonos mucho más tiempo del que imaginamos.
Seguir leyendoVisitas: 26