Octubre tiene una manera particular de recordarnos que no todo en la vida consiste en avanzar, producir y llenar espacios. Los días se acortan, cambia la luz y el paisaje comienza a desprenderse de aquello que durante meses parecía imprescindible. A veces necesitamos recogernos precisamente cuando el mundo nos sigue pidiendo que continuemos corriendo. No es una cuestión de nostalgia ni de convertir el otoño en una metáfora perfecta, sino de observar cómo también nosotros necesitamos modificar el ritmo cuando cambia la etapa.
Vivimos demasiado acostumbrados a interpretar cualquier pausa como una pérdida de tiempo. Si tenemos menos ganas de salir, de hacer planes o de mantener el mismo nivel de actividad, enseguida buscamos una explicación o intentamos corregirlo. Sin embargo, octubre propone otro escenario: menos exposición, más calma y cierta necesidad de mirar hacia dentro. Recogerse también forma parte de vivir, aunque todavía nos cueste aceptar que no todas las etapas están hechas para mostrarse hacia fuera.
Seguir leyendoVisitas: 3