Hoy es 25 DE SEPTIEMBRE DE 2026. A veces sigo con el día, atiendo mis responsabilidades y paso de una cosa a otra sin detenerme demasiado en lo que estoy viviendo. Estoy presente físicamente, pero mi atención parece repartida entre lo que ya ocurrió, lo que todavía tengo pendiente y aquello que temo olvidar. No siempre hay un motivo concreto para sentir esa distancia. En ocasiones, simplemente me acostumbro a funcionar sin mirar demasiado hacia dentro.
Quizá por eso hay momentos en los que me descubro haciendo algo sin estar realmente en ello. Escucho, pero pienso en otra cosa. Camino, pero mi cabeza ya está en el siguiente paso. Y aunque todo parezca seguir su curso, aparece una sensación difícil de explicar: la de estar pasando por mis propios días sin terminar de habitarlos.
La reflexión del 25 DE SEPTIEMBRE DE 2026
VOLVER MÁS CONSCIENTE
A veces vuelvo a mis días sin darme cuenta de que estoy en ellos. Hago, respondo, sigo… pero una parte de mí permanece lejos.
Y quizá por eso me cuesta tanto sentir el presente. No siempre estoy ausente por cansancio; a veces, simplemente, he dejado de mirar lo que vivo.
Volver al presente también es volver a mí.
¿LO ANALIZAMOS?
CUANDO ESTAMOS, PERO NO TERMINAMOS DE ESTAR
Volver más consciente no siempre resulta sencillo. A menudo, hemos aprendido a vivir pendientes de lo siguiente: la tarea que falta, la conversación que debemos tener, la preocupación que todavía no hemos resuelto. Sin darnos cuenta, convertimos la atención en algo que repartimos entre demasiadas cosas. Y en ese reparto, el momento que tenemos delante puede quedarse en un segundo plano.
Uno de los errores más habituales es creer que estar presente significa mantener la mente despejada o aprovechar cada instante. Esa exigencia también puede alejarnos de lo que sentimos. Nos enfadamos con nuestra propia distracción, nos reprochamos no disfrutar lo suficiente y terminamos añadiendo otra presión a las que ya llevamos. Incluso la intención de estar más atentos puede convertirse en una forma de exigencia.
APRENDER A RECONOCER DÓNDE ESTAMOS
Hay algo diferente cuando dejo de mirar el momento actual como un lugar del que debo salir rápidamente. No significa que desaparezcan las preocupaciones ni que mi atención permanezca siempre en el mismo sitio. Significa reconocer que, mientras pienso en lo que viene o regreso a lo que pasó, también existe este instante, con todo lo que contiene.
A veces, estar más consciente empieza con una sensación sencilla: darme cuenta de que llevo un rato lejos de lo que estaba viviendo. Puede haber cansancio, inquietud o simplemente una mente ocupada. No necesito convertir ese descubrimiento en otro motivo de juicio. También forma parte de estar presente reconocer que, en ocasiones, no lo estamos.
CONCLUSIÓN
Quizá volver más consciente no tenga que ver con conseguir que cada momento sea especial, ni con mantener la atención intacta durante todo el día. Tal vez tenga más que ver con reconocer cómo estoy viviendo lo que me sucede, incluso cuando mi cabeza se encuentra en otro lugar. Hay días en los que la presencia llega con facilidad y otros en los que parece escaparse entre las obligaciones. Ambas experiencias forman parte de nuestra manera de estar en el mundo.
Y cuando miro hacia dentro, me pregunto cuánto de lo que vivo estoy llegando realmente a sentir. No desde la culpa por lo que se me escapa, sino desde la honestidad de reconocer que mi vida también transcurre en esos instantes que apenas registro. Quizá ahí, en esa mirada sin exigencias, empiece a comprender de otra manera mi relación con el tiempo, conmigo y con lo que todavía estoy aprendiendo a habitar.
LA OPINIÓN PERSONAL DE ENDIKA
Desde Reflexiones de Un Vasco, creo que nos hemos acostumbrado demasiado a estar en todas partes menos en el lugar donde estamos. Contestamos mensajes mientras alguien nos habla, pensamos en mañana mientras el día de hoy se nos escapa y confundimos estar ocupados con estar realmente presentes. Y voy a decirlo sin rodeos: no me parece normal que tengamos que esperar a estar agotados para darnos cuenta de que llevábamos tiempo sin prestarnos atención. No quiero convertir la conciencia en otra obligación, pero tampoco voy a fingir que no importa cómo habitamos nuestros propios días.
Mi postura es clara: si vivimos siempre pendientes de lo que sigue, terminamos tratando nuestro presente como una sala de espera. No creo que haya que vivir desconectados de las responsabilidades ni ignorar lo que nos preocupa. Creo que debemos ser honestos con la manera en que estamos viviendo, porque a veces el problema no es que nos falte tiempo, sino que hemos dejado de estar verdaderamente dentro de él. Y eso, para mí, merece una reflexión incómoda.
Un fuerte abrazo de un vasco que ha reflexionado.
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BIENVENIDO A LA PORTADA DE UNA LOCURA REFLEXIVA.
Estas son las reflexiones de un vasco que a lo largo de su vida se han ido almacenando en su cabeza.
