Hay vueltas que nadie celebra demasiado. Se habla del viaje, de los días de descanso, de desconectar, de aprovechar el tiempo. Pero cuando llega el momento de regresar, aparece una sensación difícil de explicar: a veces cuesta más volver a la rutina que salir de ella. De repente, aquello que antes parecía normal vuelve a exigir horarios, obligaciones, prisas y una versión de nosotros mismos que quizá todavía no está preparada para ponerse en marcha.
Porque volver no consiste únicamente en deshacer una maleta, recuperar los horarios o sentarse otra vez frente a las mismas responsabilidades. Hay algo más silencioso en ese regreso. Volvemos a los mismos lugares, a las mismas personas y a las mismas tareas, pero nosotros no siempre regresamos exactamente igual. Y quizá por eso la vuelta merece ser mirada con algo más de atención, sin convertirla inmediatamente en una carrera por recuperar el ritmo perdido.
Seguir leyendoVisitas: 1


