A veces creemos que la nostalgia es un peso que nos ata a recuerdos que ya no existen, como si revivirlos fuera un ejercicio inútil. Sin embargo, esta sensación que nos atraviesa en momentos inesperados no siempre nos arrastra hacia atrás; puede ser, más bien, un espejo que nos invita a mirar cómo esos instantes modelan lo que somos hoy. La ironía está en que lo que parece un regreso al pasado puede convertirse en una herramienta silenciosa para entender nuestro presente.
La nostalgia no se limita a la memoria de lugares o personas, ni se agota en la melancolía de lo que dejamos atrás. Puede aparecer en un gesto, una canción o incluso en un aroma, y en cada uno de estos encuentros nos recuerda que la emoción tiene un propósito más allá de la añoranza: nos conecta con valores, decisiones y vínculos que siguen vivos, aunque transformados. Antes de juzgarla como un simple desvelo por lo perdido, conviene explorarla con atención, porque lo que nos dice va mucho más allá del tiempo que creemos haber dejado atrás.
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