Vivimos en una época donde descansar parece sospechoso. Si no produces, si no corres, si no demuestras constantemente que estás ocupado, da la sensación de que te estás quedando atrás. Nos han hecho creer que vivir agotado es una prueba de éxito. Y quizá por eso hay tantas personas cansadas intentando aparentar que todo va bien mientras convierten la ansiedad en rutina y el estrés en identidad personal.
Durante años, el éxito se ha vendido como una acumulación interminable de logros, dinero, reconocimiento o productividad. Pero pocas veces se habla de algo mucho más difícil de conseguir: la tranquilidad. No esa calma superficial que dura unas horas, sino la sensación real de vivir sin estar permanentemente en guerra con uno mismo. Y precisamente ahí empieza una de las contradicciones más silenciosas de nuestra forma de vida actual.
Seguir leyendoVisitas: 5
