Hoy toca el pensamiento 35: Agradecer sin euforia. A veces parece que hasta para agradecer hemos establecido una forma correcta de hacerlo: sonreír, sentirse afortunado y mirar la vida como si todo estuviera perfectamente colocado. Como si agradecer también exigiera estar de buen humor. Pero la realidad es bastante menos ordenada. Podemos reconocer lo que tenemos y, al mismo tiempo, estar cansados, preocupados, decepcionados o atravesando un momento difícil. Una cosa no invalida necesariamente la otra.
La gratitud suele presentarse como una respuesta sencilla ante aquello que funciona en nuestra vida, pero puede convertirse en otra exigencia cuando la utilizamos para negar lo que nos pesa. Agradecer no significa fingir que todo está bien ni construir una versión más amable de nuestra realidad. Significa detenernos un momento y mirar aquello que permanece, aquello que nos acompaña y aquello que quizá damos por hecho mientras corremos detrás de lo que todavía creemos necesitar.

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