Hoy toca el pensamiento 25: Volver a uno mismo sin huir. Hay una forma silenciosa de perderse que no hace ruido ni deja rastro visible. No implica grandes decisiones ni cambios drásticos; sucede mientras todo parece seguir en orden. Cumples, respondes, avanzas… y, sin embargo, algo empieza a descolocarse por dentro. Lo curioso es que, en ese punto, muchos no se plantean volver a sí mismos, sino seguir adelante como si nada estuviera ocurriendo.
Volver a uno mismo no siempre se percibe como una opción válida. A menudo se confunde con detenerse, con retroceder o incluso con fracasar. En una lógica donde todo empuja hacia fuera —resultados, expectativas, validación—, mirar hacia dentro puede parecer una forma de escapar. Pero no lo es. O, al menos, no siempre. La diferencia entre huir de lo que incomoda y volver a lo que sostiene no es evidente, y ahí es donde empieza el verdadero conflicto.

Visitas: 3