Hoy es 03 DE FEBRERO DE 2026. A veces no es cansancio físico lo que pesa, sino una presión interna difícil de explicar. Esa sensación de estar siempre midiendo cuánto das, cuánto callas, cuánto te adaptas para que nada se rompa. No es una urgencia visible, es más bien un pensamiento persistente que acompaña y condiciona sin levantar la voz.
En ese estado, muchas decisiones no nacen de lo que quieres, sino de lo que temes perder. Aparece la duda silenciosa, la vigilancia emocional, la necesidad de sostener vínculos incluso cuando empiezas a desaparecer un poco en ellos. No duele de golpe, pero deja rastro.
La reflexión del 03 DE FEBRERO DE 2026
Dar de más para no perder
A veces doy de más por miedo a perderte. Confundo presencia con entrega constante, y me voy diluyendo para sostener algo que temo que se rompa si aflojo.
No es falta de amor, es apego hablando bajito. Quizá también te pasa: das más para quedarte, y te olvidas de ti sin darte cuenta cuando el miedo dirige.
No llegas tarde: solo estás volviendo a ti.
¿LO ANALIZAMOS?
Cuando dar se vuelve una carga silenciosa
Hay momentos en los que dar deja de ser un gesto libre y empieza a sentirse como una obligación interna. No porque alguien lo exija, sino porque creemos que aflojar implica perder. Esa idea, tan normalizada, pesa más de lo que parece.
Uno de los errores más comunes es confundir constancia con entrega sin límite. Pensar que si no estás siempre, si no sostienes todo, algo fallará. Esa mirada no suele venir del amor, sino del miedo a no ser suficiente si bajas la guardia.
Estar aquí sin empujarte
Habitar este punto no significa cambiar nada de inmediato. Es simplemente reconocer dónde estás parado hoy, sin juicio. Entender que lo que haces tuvo sentido en su momento, aunque ahora empiece a cansar.
No hace falta tener respuestas ni tomar decisiones grandes. A veces basta con acompañarte en la observación, poner nombre a lo que pesa y permitirte estar ahí, sin exigirte ser otra versión distinta de ti.
CONCLUSIÓN
Tal vez lo más honesto no sea cambiar, sino mirar con más atención. Entender desde dónde nace esa forma de dar, qué emoción la sostiene y qué parte de ti intenta proteger. No para corregirte, sino para reconocerte sin dureza.
A veces el cierre no llega con una respuesta, sino con una pausa. Un espacio interno donde no hace falta decidir nada, solo permitir que lo que has leído se asiente y te devuelva, poco a poco, a ti mismo.
LA OPINIÓN PERSONAL DE ENDIKA
Yo escribo desde un lugar claro: no romantizo el dar de más ni lo disfrazo de amor. He visto —y vivido— cómo esa entrega constante se aplaude mientras te va vaciando por dentro. Mi proyecto no está aquí para endulzar eso, sino para nombrarlo sin culpa y sin épica.
No me interesa señalar culpables ni ofrecer redenciones rápidas. Me importa poner palabras a patrones que muchos normalizan y pocos se atreven a mirar de frente. Si incomoda, está bien. Prefiero esa incomodidad honesta a seguir llamando cuidado a lo que, muchas veces, es miedo a perder.
Un fuerte abrazo de un vasco que ha reflexionado.
Visitas: 16
BIENVENIDO A LA PORTADA DE UNA LOCURA REFLEXIVA.
Estas son las reflexiones de un vasco que a lo largo de su vida se han ido almacenando en su cabeza.
