Hoy es 04 DE FEBRERO DE 2026. Hay días en los que notas que algo pesa más de lo normal. No es tristeza clara ni enfado abierto, es una presión silenciosa que se cuela en los gestos, en las respuestas cortas, en las ganas de estar un poco menos disponible. Como si tu cuerpo pidiera espacio antes de que la cabeza sepa explicarlo.
También aparece ese pensamiento incómodo: “igual estoy cambiando demasiado”, “igual me estoy volviendo frío”. Lo comparas con quien fuiste antes, con lo que los demás esperan, con la versión tuya que siempre estaba. Y ahí se instala la duda, esa sensación de estar haciendo algo necesario sin tener todavía las palabras para defenderlo.
La reflexión del 04 DE FEBRERO DE 2026
No es frialdad, es protección
Hoy quizá parezco distante, pero no es frialdad. Es una forma de cuidarme cuando ya di demasiado. Poner límites también es seguir presente sin romperme.
Si te duele marcar distancia, no estás fallando. A veces el autocuidado se nota así: menos disponible, más honesto, más fiel a lo que necesitas. Hoy.
Protegerte también es quererte.
¿LO ANALIZAMOS?
Cuando el límite empieza a doler
A veces lo que pesa no es el límite en sí, sino todo lo que se proyecta sobre él. La idea de que estamos fallando, decepcionando o dejando de ser quienes éramos. Ese peso no suele venir de un gran conflicto, sino de pequeñas renuncias internas que se acumulan sin hacer ruido.
También hay miradas dañinas que aprendimos sin darnos cuenta: confundir disponibilidad con cariño, aguante con madurez, silencio propio con paz ajena. No es exagerado ni dramático, es cotidiano. Y precisamente por eso cuesta tanto señalarlo sin sentir culpa.
Quedarse donde uno está ahora
Habitar este punto no es resolver nada, es reconocerlo. Aceptar que hoy estás aquí, con menos energía para sostenerlo todo y más necesidad de cuidarte por dentro. No como una meta, sino como un estado que existe y merece ser nombrado.
No hace falta entenderlo todo ni justificarlo aún. A veces basta con no empujarte a volver a un lugar que ya no se siente honesto. Permanecer ahí, sin juicio ni prisa, también es una forma de respeto hacia ti.
CONCLUSIÓN
Quizá no se trate de endurecerte ni de alejarte más, sino de entender qué parte de ti está pidiendo calma. A veces el cierre no llega con respuestas, sino con la sensación de haber dejado de forzarte a encajar en un lugar que ya no sostiene.
Leerlo todo junto puede abrir una pregunta tranquila: ¿qué estás protegiendo cuando marcas distancia? No para corregirte ni explicarte, solo para mirarte con un poco más de verdad y menos exigencia. Ahí, sin ruido, también hay cuidado.
LA OPINIÓN PERSONAL DE ENDIKA
Yo no compro la idea de que poner límites te vuelve frío. Creo que esa etiqueta se usa muchas veces para incomodar menos a quien siempre ha recibido de ti sin preguntarse el coste. Mi proyecto no va de agradar, va de nombrar lo que suele callarse cuando el cuidado propio empieza a notarse hacia fuera.
También creo que hay personas que solo se sienten seguras cuando te desdibujas. Y cuando dejas de hacerlo, lo llaman cambio, distancia o egoísmo. No me interesa suavizar eso. Si protegerte rompe expectativas ajenas, el problema no está en tu límite, sino en la comodidad que otros habían construido sobre ti.
Un fuerte abrazo de un vasco que ha reflexionado.
Visitas: 9
BIENVENIDO A LA PORTADA DE UNA LOCURA REFLEXIVA.
Estas son las reflexiones de un vasco que a lo largo de su vida se han ido almacenando en su cabeza.
