Hoy es 28 DE ENERO DE 2026. Hay días en los que el tiempo se siente como un juez silencioso. Miras alrededor y parece que todos han avanzado más, que llegaron antes, que entendieron algo que a ti aún se te escapa. Esa sensación no siempre duele de forma evidente, pero se instala y pesa.
La presión no suele venir de fuera del todo, sino del diálogo interno que compara, mide y exige. No es prisa real, es la idea de ir tarde a una vida que creemos que debería estar ocurriendo ya. Y ahí, sin ruido, empieza el cansancio.
La reflexión del 28 DE ENERO DE 2026
No vas tarde
Hoy siento la prisa como una sombra constante. Parece que todos avanzan antes, mejor, más rápido. Esa comparación cansa y duele, porque te hace creer que llegas tarde.
Pero no voy tarde. Voy conmigo, con mis tiempos, con lo que hoy soy capaz de sostener. No necesito correr ni cambiar de piel, solo escucharme sin medir mi paso con otros.
No vas tarde. Vas a tu ritmo.
¿LO ANALIZAMOS?
Cuando el tiempo se vuelve comparación
A veces lo que pesa no es el tiempo en sí, sino la forma en la que lo miramos. Convertimos los procesos ajenos en una regla invisible y empezamos a medirnos con ella, como si existiera un ritmo correcto que no estamos cumpliendo.
Ahí aparece un error frecuente: creer que ir más despacio es fallar, o que no haber llegado a ciertos lugares significa haberse perdido algo. Esa mirada no grita, pero desgasta. Nos coloca siempre un paso por detrás de una expectativa que no nació de nosotros.
Estar donde estás también es estar
El punto actual suele vivirse como una sala de espera, no como un lugar legítimo. Cuesta reconocerlo como parte del camino, porque no encaja en el relato de avance continuo que nos han enseñado a desear.
Habitar este momento no implica conformarse ni renunciar, sino aceptar que aquí también ocurre algo valioso. No es pausa ni retraso: es presencia. Y desde ahí, sin prisa ni juicio, todo tiene más sentido.
CONCLUSIÓN
Quizá no se trate de llegar a ningún sitio concreto, sino de reconocer el lugar que ya ocupas. Cuando dejas de medirte con relojes ajenos, el peso disminuye y el presente se vuelve más habitable, más tuyo, aunque siga siendo imperfecto.
Mirarte con menos exigencia no cambia el ritmo, pero sí la forma de caminarlo. Tal vez ahí empiece algo más sereno: entender que tu proceso no necesita prisa para tener sentido, solo atención y verdad.
LA OPINIÓN PERSONAL DE ENDIKA
Aquí tomo posición: no creo en los ritmos universales ni en las vidas que se miden por hitos compartidos. Este proyecto nace justo para cuestionar esa prisa heredada que nos empuja a evaluarnos todo el tiempo. No me interesa empujar a nadie hacia delante, sino señalar el daño que hace vivir comparándose.
Escribo desde la convicción de que la mayoría no llega tarde, llega cansada. Cansada de exigirse, de justificarse, de sentirse fuera de lugar. Y frente a eso, elijo una mirada más honesta: la de volver a uno mismo sin pedir permiso ni acelerar para encajar.
Un fuerte abrazo de un vasco que ha reflexionado.
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BIENVENIDO A LA PORTADA DE UNA LOCURA REFLEXIVA.
Estas son las reflexiones de un vasco que a lo largo de su vida se han ido almacenando en su cabeza.
