Hoy es 11 DE FEBRERO DE 2026. Hay una presión silenciosa que a veces asumimos sin darnos cuenta: la de estar disponibles para todo el mundo. Como si querer implicara resolver, como si amar significara cargar. Y cuando alguien cercano se rompe, algo dentro de nosotros se activa con urgencia.
También pesa esa idea aprendida de que, si podemos ayudar, debemos hacerlo. Que mirar el dolor ajeno sin intervenir es egoísmo. Ese pensamiento se instala despacio y termina confundiendo responsabilidad con sacrificio constante.
La reflexión del 11 DE FEBRERO DE 2026
No puedo salvarte siempre
Hay días en los que me doy cuenta de que intento salvar a todo el mundo, como si su dolor también fuera mi responsabilidad. Y eso cansa más de lo que admito.
Hoy acepto que no puedo cargar con lo que no es mío. Me duele mirar sin intervenir, pero también me alivia entender que cada quien tiene su propio camino.
No todo lo que duele es mío para sostener.
¿LO ANALIZAMOS?
Cuando ayudar se vuelve carga
A veces no noto el momento exacto en el que dejo de acompañar y empiezo a sostenerlo todo. Escucho, intervengo, resuelvo, anticipo. Y sin querer, me coloco en un lugar que no me corresponde del todo. No es mala intención, es una costumbre aprendida.
El error suele ser sutil: creer que si no hago algo, estoy fallando. Confundir empatía con responsabilidad absoluta. Pensar que querer a alguien implica evitarle cualquier caída. Esa mirada, aunque parezca generosa, termina desgastándome por dentro.
Quedarme en mi sitio
Estoy aprendiendo a quedarme en un lugar más honesto. A mirar el dolor ajeno sin apropiármelo. A reconocer que puedo estar presente sin asumir lo que no me pertenece. No siempre es cómodo, pero sí más real.
Hay una incomodidad inevitable cuando dejo de salvar. Una sensación de culpa que aparece por momentos. La observo sin juzgarla. Porque entender que cada persona tiene su propio proceso no me hace indiferente, me hace consciente.
CONCLUSIÓN
Durante mucho tiempo asocié el valor personal con mi capacidad de sostener a otros. Hoy empiezo a cuestionar esa idea. Hay vínculos que no necesitan héroes, sino presencia consciente. Y eso cambia la forma en la que me miro dentro de ellos.
Quizá la verdadera responsabilidad no esté en rescatar, sino en reconocer hasta dónde soy parte y dónde ya no. Mirar ese límite sin culpa también es una forma de respeto, hacia el otro y hacia mí.
LA OPINIÓN PERSONAL DE ENDIKA
Yo no creo en el amor que se mide por cuánto aguantas ni en la amistad que se demuestra salvando constantemente. No quiero vínculos donde mi valor dependa de resolver la vida de otros. Mi proyecto habla de responsabilidad emocional, y eso incluye dejar de ocupar lugares que no me corresponden.
Si alguien espera que esté siempre para rescatar, no está mirando a la persona, está mirando la utilidad. Y yo no escribo para reforzar esa idea. Escribo para cuestionarla.
Un fuerte abrazo de un vasco que ha reflexionado.
Visitas: 8
BIENVENIDO A LA PORTADA DE UNA LOCURA REFLEXIVA.
Estas son las reflexiones de un vasco que a lo largo de su vida se han ido almacenando en su cabeza.
