Hoy es 13 DE FEBRERO DE 2026. Hay días en los que la soledad pesa más de lo que esperabas. No por lo que ocurre fuera, sino por lo que se mueve dentro. Miras el teléfono, la casa en silencio, tu propia agenda, y sientes esa presión discreta que te susurra que deberías estar acompañado, haciendo algo, siendo algo más.
Vivimos con la idea de que estar solos es una señal de que algo falla. Como si la ausencia de planes o de voces alrededor fuera un indicador de vacío personal. Y esa comparación constante, casi automática, termina convirtiendo un momento neutro en una sensación incómoda que cuesta reconocer sin juicio.
La reflexión del 13 DE FEBRERO DE 2026
La soledad no es vacío
A veces estar solo pesa. Lo sé. El silencio incomoda y parece que falta algo. Pero he entendido que no siempre es ausencia, a veces es espacio para sentir sin ruido.
Cuando nadie me acompaña, no estoy roto ni incompleto. Estoy conmigo. Y eso, aunque asuste, no es vacío. Es presencia que todavía estoy aprendiendo a mirar.
No todo silencio es carencia.
¿LO ANALIZAMOS?
El ruido que inventamos sobre el silencio
A veces lo que pesa no es estar solos, sino lo que pensamos sobre eso. Hemos aprendido a asociar compañía con valor y silencio con carencia. Sin darnos cuenta, convertimos un estado natural en una especie de fallo personal que hay que corregir cuanto antes.
El error no es sentir incomodidad; es interpretarla como prueba de que algo va mal en nosotros. Compararnos, medirnos por la agenda de otros o por la cantidad de mensajes recibidos termina distorsionando la experiencia. No todo momento en solitario es abandono, aunque así lo parezca al principio.
Estar contigo también cuenta
Habitar la soledad no significa celebrarla ni romantizarla. Significa reconocer que este es el punto en el que estás ahora. Sin etiquetas grandilocuentes. Sin convertirlo en un drama ni en una hazaña espiritual.
Estar contigo puede resultar incómodo, sí. Pero también es una forma de presencia. No necesitas justificarla ni llenarla constantemente para que tenga sentido. A veces basta con admitir que este espacio existe y que no define tu valor.
CONCLUSIÓN
Tal vez la incomodidad no habla de vacío, sino de costumbre. Nos hemos acostumbrado a medir nuestra plenitud por lo que sucede alrededor, no por lo que somos capaces de sostener por dentro. Y cuando el entorno se aquieta, aparece una sensación que no sabemos nombrar sin juzgarla.
Quizá mirar hacia dentro, sin prisa y sin etiquetas, permita entender que este momento no es una carencia, sino una parte más del camino. No todo lo que se siente en soledad es falta. A veces es simplemente un espacio que todavía estamos aprendiendo a reconocer.
LA OPINIÓN PERSONAL DE ENDIKA
Yo no voy a seguir alimentando la idea de que estar solo es un defecto que hay que esconder. Me niego a convertir la soledad en un síntoma de fracaso personal solo porque socialmente incomoda. Este proyecto no está para maquillar emociones, sino para mirarlas sin miedo, aunque no resulten bonitas.
No romantizo la soledad, pero tampoco la demonizo. Prefiero incomodar un poco antes que repetir el discurso fácil de que siempre hay que estar rodeado para estar completo. Si algo defiendo aquí, es la honestidad de aceptar lo que somos cuando nadie nos está mirando.
Un fuerte abrazo de un vasco que ha reflexionado.
Visitas: 9
BIENVENIDO A LA PORTADA DE UNA LOCURA REFLEXIVA.
Estas son las reflexiones de un vasco que a lo largo de su vida se han ido almacenando en su cabeza.
