Hoy es 27 DE ENERO DE 2026. A veces llegas al final del día con la sensación de no haber hecho “lo suficiente”, aunque no sepas definir qué era eso que se esperaba de ti. Hay una presión silenciosa por estar ocupado, por llenar huecos, por no quedarte a solas contigo más de la cuenta. Como si parar fuese perder el tiempo.
En ese contexto, el silencio no aparece como descanso, sino como incomodidad. Cuando todo se apaga, emergen pensamientos que durante el día lograste esquivar: dudas, cansancio, preguntas sin respuesta. No es algo extraordinario ni un fallo personal; es una experiencia común que muchos prefieren no mirar de frente.
La reflexión del 27 DE ENERO DE 2026
El miedo al silencio
Hoy quiero hablarte del miedo al silencio. Ese instante en el que todo se calla y algo dentro incomoda. No es vacío: es espacio. Y asusta porque nos enfrenta.
Cuando evitamos el silencio, no es falta de fuerza. Es miedo a escuchar lo que somos hoy. Si te incomoda, no estás fallando: estás llegando a ti, poco a poco.
El silencio no te retrasa.
¿LO ANALIZAMOS?
Cuando el silencio señala
A menudo interpretamos el silencio como una señal de carencia, como si en él se evidenciara todo lo que no hemos sido capaces de hacer o sostener. No duele el silencio en sí, sino la forma en que lo llenamos de exigencias y comparaciones que no siempre son justas.
Uno de los errores más comunes es pensar que incomodarse es retroceder. Miramos el silencio como un enemigo que hay que tapar, cuando muchas veces solo está mostrando el cansancio acumulado o una necesidad no atendida. No hay dramatismo ahí, solo información mal interpretada.
Estar donde ya estás
Habitar el punto actual no significa resignarse, sino reconocer el lugar emocional desde el que miras hoy. El silencio, cuando se permite, no empuja ni arrastra; simplemente acompaña el momento que estás atravesando, sin pedirte versiones mejores de ti.
Puede resultar incómodo permanecer ahí, sin ruido que distraiga, pero también es un espacio honesto. No exige respuestas ni decisiones inmediatas. Estar en ese punto no es quedarte atrás: es estar presente, aunque todavía no sepas qué hacer con lo que aparece.
CONCLUSIÓN
Quizá el silencio no llegó para pedirte nada, sino para recordarte el ritmo real al que estás viviendo. No como una prueba que superar, sino como un espacio donde no hay expectativas externas marcando el paso ni urgencias disfrazadas de deber.
Mirarte ahí, sin añadir juicios ni prisa, puede ser suficiente por hoy. No porque todo esté resuelto, sino porque no necesitas estar en otro lugar para empezar a entenderte. A veces, permanecer es una forma tranquila de volver a ti.
LA OPINIÓN PERSONAL DE ENDIKA
Yo no creo que el silencio sea algo que haya que aprender a gestionar o a vencer. Creo que el problema está en cómo nos han enseñado a mirarlo: como un fallo, como una pausa peligrosa, como un lugar donde “no pasa nada”. Para este proyecto, el silencio no es ausencia, es verdad sin adornos.
Defiendo una mirada donde no todo tiene que ser productivo, explicado o compartido. El silencio incomoda porque no se puede fingir dentro de él. Y precisamente por eso lo considero un espacio legítimo, incluso necesario, aunque no sea amable ni inspirador. Aquí no se viene a arreglarlo, sino a reconocerlo.
Un fuerte abrazo de un vasco que ha reflexionado.
Visitas: 5
BIENVENIDO A LA PORTADA DE UNA LOCURA REFLEXIVA.
Estas son las reflexiones de un vasco que a lo largo de su vida se han ido almacenando en su cabeza.
