Hoy es 24 DE MARZO DE 2026. Hay momentos en los que te das cuenta de que ya no reaccionas igual, de que ciertas cosas que antes encajaban ahora incomodan. Y, aun así, aparece una presión silenciosa por seguir siendo quien eras, por no romper con esa imagen que otros —y tú mismo— aprendisteis a sostener.
En medio de ese cambio, surge una sensación difícil de nombrar: no es exactamente tristeza, pero tampoco alivio. Es más bien una especie de desajuste interno, como si una parte de ti se estuviera quedando atrás mientras otra avanza sin tener todavía un lugar claro.
La reflexión del 24 DE MARZO DE 2026
Ser tú también implica perder versiones anteriores
Hoy entiendo que convertirme en quien soy también ha sido despedirme de versiones mías que me acompañaron mucho tiempo. No todas se fueron fácil, y algunas aún duelen.
Hay una nostalgia silenciosa en cambiar, en soltar lo que un día fui. Porque crecer no siempre se siente como avanzar, a veces se siente como perder algo que también era hogar.
Ser tú también es aprender a soltar(te).
¿LO ANALIZAMOS?
Lo que cuesta soltar cuando ya no encaja
A veces lo que pesa no es el cambio en sí, sino lo que dejamos atrás. Versiones nuestras que funcionaron, que nos dieron identidad o incluso cierta seguridad. No se van de golpe, se quedan rondando, recordándonos quién fuimos y haciéndonos dudar de quién somos ahora.
También confundimos evolucionar con traicionar lo anterior. Nos exigimos coherencia constante, como si cambiar fuera una forma de fallarnos. Y en ese intento de sostener todas nuestras versiones a la vez, acabamos cargando con partes que ya no nos representan, pero que tampoco sabemos cómo soltar del todo.
Permanecer en quien estás siendo ahora
Hay un punto intermedio incómodo, donde ya no eres lo de antes pero tampoco tienes del todo claro lo que estás construyendo. No es un lugar estable ni fácil de explicar, y quizá por eso cuesta tanto habitarlo sin juzgarlo o querer salir rápido de ahí.
Permanecer en ese espacio implica reconocer que algo se está moviendo, aunque no tenga forma definida. Sin forzar etiquetas ni buscar certezas inmediatas. Solo estar ahí, con lo que hay ahora, aunque todavía no se parezca a nada que puedas nombrar con claridad.
CONCLUSIÓN
Quizá aceptar en quién te estás convirtiendo también implica mirar con cierta ternura todo lo que ya no eres. Sin despreciarlo, sin intentar recuperarlo, sin hacer como si no hubiera existido. Solo reconociendo que cada versión tuvo su lugar, aunque hoy ya no encaje.
Y en medio de ese proceso, puede que no haya una sensación clara de llegada, ni una identidad cerrada que te defina. Solo una conciencia más presente de ti, de lo que se mueve y de lo que se queda. A veces, eso es lo único que realmente sostiene.
LA OPINIÓN PERSONAL DE ENDIKA
Yo no creo en la idea de tener que ser siempre coherente con quien fuiste. Me parece una forma silenciosa de quedarte atrapado en versiones que ya no te representan. Prefiero aceptar que cambiar también implica romper cierta continuidad, aunque incomode y aunque desde fuera no siempre se entienda.
Para mí, crecer no es sumar capas sin fin, es saber cuándo dejar de sostenerlas. Y no lo vivo como una pérdida trágica, pero tampoco lo maquillo como algo bonito. Hay renuncias que forman parte del camino, y evitarlas solo alarga una sensación que ya está pidiendo ser mirada de frente.
Un fuerte abrazo de un vasco que ha reflexionado.
Visitas: 10
BIENVENIDO A LA PORTADA DE UNA LOCURA REFLEXIVA.
Estas son las reflexiones de un vasco que a lo largo de su vida se han ido almacenando en su cabeza.
