Hoy es 07 DE MAYO DE 2026. Hay días en los que me exijo incluso cuando ya estoy agotado. Me cuesta parar, hablarme bien o darme un margen sin sentir que estoy aflojando demasiado. Como si tratarme con comprensión fuese una forma de volverme menos válido ante los demás y también ante mí mismo.
He vivido mucho tiempo creyendo que la dureza era necesaria para avanzar. Que exigirme más, callarme más o aguantar más era lo correcto. Y quizá por eso todavía hay una parte de mí que siente culpa cuando intento sostenerme desde un lugar más humano y menos cruel.
La reflexión del 07 DE MAYO DE 2026
Tratarte bien no te hace débil
A veces me cuesta hablarme con calma porque crecí creyendo que ser duro conmigo era la única forma de no romperme por dentro.
He confundido durante años el cansancio con fortaleza, como si aguantarlo todo demostrara algo que nadie llegaba a entender.
No todo lo que duele te hace más fuerte.
¿LO ANALIZAMOS?
Aprendí a exigirme antes que a escucharme
Durante mucho tiempo pensé que tratarme con dureza era una señal de madurez. Me hablaba mal para no acomodarme, me exigía incluso cansado y convertía cualquier error en una prueba de que todavía no era suficiente. Sin darme cuenta, confundí la presión constante con responsabilidad.
También crecí viendo cómo la exigencia se admiraba más que el cuidado. A quien aguanta todo se le reconoce, pero a quien necesita descanso se le mira con sospecha. Y esa idea termina quedándose dentro, haciendo que muchas personas sientan vergüenza por tratarse con un poco de calma.
Hay cansancios que no necesitan más dureza
A veces no necesito que alguien me empuje ni que me recuerde todo lo que debería mejorar. Hay días en los que lo más difícil es simplemente convivir con el ruido interno que deja vivir siempre en tensión, como si bajar la guardia fuese un riesgo.
Estoy aprendiendo a mirar ese cansancio sin atacarme por sentirlo. No para justificarme ni para dejar de crecer, sino para entender que quizá hablarme con menos crueldad no me hace más débil, solo más consciente de lo que llevo encima.
CONCLUSIÓN
Quizá muchas veces no he necesitado hacerme más fuerte, sino dejar de tratarme como si tuviera que demostrar algo todo el tiempo. Hay una diferencia silenciosa entre crecer y vivir permanentemente en guerra con uno mismo, aunque durante años parezcan lo mismo.
Sigo entendiendo que hablarme con respeto no elimina mis dudas ni mis inseguridades. Pero al menos deja de añadir más peso al que ya cargo. Y en un mundo tan acostumbrado a la dureza, eso también cambia la forma en la que uno se habita por dentro.
LA OPINIÓN PERSONAL DE ENDIKA
Yo ya no compro ese discurso que convierte el maltrato interno en disciplina. Me parece peligroso haber normalizado tanto la crueldad con uno mismo hasta el punto de admirarla. Hay personas rotas por dentro recibiendo aplausos solo porque siguen funcionando de cara a los demás.
Este proyecto no nace para empujar a nadie a rendir más ni para disfrazar el agotamiento de superación personal. Yo escribo precisamente porque estoy cansado de ver cómo se romantiza sufrir en silencio mientras tratarse con un poco de humanidad todavía parece una debilidad.
Un fuerte abrazo de un vasco que ha reflexionado.
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BIENVENIDO A LA PORTADA DE UNA LOCURA REFLEXIVA.
Estas son las reflexiones de un vasco que a lo largo de su vida se han ido almacenando en su cabeza.
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