Hoy es 29 DE MAYO DE 2026. Hay días en los que me exijo sentirme seguro, fuerte o convencido de quién soy, incluso cuando por dentro solo noto cansancio o dudas. A veces la presión no viene de fuera, sino de esa voz que mide constantemente si estoy haciendo suficiente o si debería haber avanzado más a estas alturas.
También conozco esa sensación de compararme en silencio, de pensar que otras personas parecen tener más claridad, más confianza o menos miedo que yo. Y mientras intento sostener todo eso, hay momentos en los que hasta hablarme con respeto se convierte en algo que cuesta más de lo normal.
La reflexión del 29 DE MAYO DE 2026
La autoestima se construye a diario
A veces siento que vuelvo atrás por dudar de mí o por cansarme tan rápido. Pero incluso en esos días, sigo intentando tratarme con algo más de verdad.
He entendido que la autoestima no aparece de golpe. Se va formando en pequeños gestos, en cómo me hablo cuando nadie me escucha ni me aplaude.
La forma en que te tratas también deja huella.
¿LO ANALIZAMOS?
La costumbre de medirnos todo el tiempo
Muchas veces no me trato según cómo estoy, sino según lo que creo que debería ser. Si tengo un mal día, pienso que estoy retrocediendo. Si dudo de mí, siento que he perdido algo importante. Y casi sin darme cuenta, convierto cualquier error pequeño en una prueba de que no soy suficiente.
También he aprendido que hay una forma silenciosa de desgastarse: compararse constantemente. Mirar la seguridad ajena como si fuese una meta personal termina deformando la manera en que uno se mira a sí mismo. Y en medio de esa presión diaria, la autoestima deja de sentirse como algo natural y empieza a parecer una obligación.
Quedarme conmigo incluso en los días torcidos
Hay momentos en los que no consigo verme con claridad y aun así sigo aquí, intentando entenderme un poco mejor. No siempre me hablo bien, no siempre me siento capaz, pero empiezo a notar que también existe algo valioso en permanecer cerca de uno mismo cuando todo pesa más.
Quizá la autoestima no tenga que ver con sentirse bien todo el tiempo, sino con la forma en que uno se sostiene mientras atraviesa sus dudas. Hay días en los que apenas noto cambios, pero incluso entonces, algo dentro de mí sigue construyéndose en silencio.
CONCLUSIÓN
A veces paso demasiado tiempo intentando descubrir en qué momento empecé a hablarme con tanta dureza. Y mientras busco respuestas, me doy cuenta de que muchas heridas no vienen solo de lo vivido, sino también de la manera en que aprendí a mirarme cuando algo no salía bien.
Hay una parte de mí que sigue cambiando incluso en los días más silenciosos, en esos donde no noto avances ni certezas. Quizá crecer también tenga que ver con reconocer que mi valor no desaparece cada vez que me siento perdido, cansado o inseguro.
LA OPINIÓN PERSONAL DE ENDIKA
Yo ya no creo en esa autoestima que depende de verse fuerte todo el tiempo o de aparentar seguridad constante. Me cuesta conectar con los discursos que convierten el amor propio en una obligación bonita y perfectamente ordenada. La mayoría de las veces, sentirse suficiente no tiene nada de elegante.
También creo que nos hemos acostumbrado a tratarnos como proyectos que siempre necesitan corregirse. Y desde ahí, cualquier cansancio, duda o fragilidad parece un defecto. A mí cada vez me interesa menos esa mirada exigente y más la posibilidad de hablarme con honestidad, incluso cuando no me gusto demasiado.
Un fuerte abrazo de un vasco que ha reflexionado.
Visitas: 9
BIENVENIDO A LA PORTADA DE UNA LOCURA REFLEXIVA.
Estas son las reflexiones de un vasco que a lo largo de su vida se han ido almacenando en su cabeza.
