Hoy es 15 DE MAYO DE 2026. Hay una presión silenciosa en aprender a tratarse con amabilidad. Como si después de años de exigencia, culpa o dureza, uno tuviera que saber hacerlo bien desde el primer intento. Y cuando no sale, aparece otra forma de decepción: la de no poder ser suave ni con uno mismo.
Me he dado cuenta de que muchas veces resulta más fácil comprender el cansancio ajeno que aceptar el propio. Porque reconocer que necesito paciencia conmigo implica mirar partes que llevo tiempo intentando corregir, esconder o simplemente soportar.
La reflexión del 15 DE MAYO DE 2026
Ser amable contigo cuesta más de lo que parece
Hay días en los que me hablo con una dureza que nunca usaría con alguien a quien quiero. Y reconocer eso también pesa más de lo que parece.
A veces intento tratarme mejor y solo encuentro culpa, exigencia o cansancio. Como si ser amable conmigo fuese algo que aún no sé sostener.
No toda herida responde bien cuando por fin la tratan con cuidado.
¿LO ANALIZAMOS?
A veces la dureza parece responsabilidad
Durante mucho tiempo confundimos tratarnos con exigencia con ser responsables. Como si hablarse con dureza fuese una manera de mejorar, corregirse o evitar volver a fallar. Y sin darnos cuenta, acabamos creyendo que comprendernos demasiado podría volvernos débiles.
También es común pensar que la amabilidad hacia uno mismo llega cuando todo está en orden: cuando rendimos más, cuando dejamos de equivocarnos o cuando conseguimos sostenerlo todo sin cansarnos. Pero esperar ese momento convierte el cuidado propio en una recompensa, no en una necesidad.
Estar aquí también implica mirarse
Hay etapas en las que intento tratarme mejor y lo único que encuentro es resistencia. No porque no quiera cambiar mi forma de hablarme, sino porque la costumbre de exigirme lleva demasiado tiempo ocupando espacio dentro de mí.
Quizá habitar el punto actual también significa reconocer eso sin convertirlo en otro motivo de culpa. Aceptar que incluso aprender a estar de tu lado puede sentirse extraño, incómodo o lento cuando has vivido mucho tiempo sosteniéndote desde la dureza.
CONCLUSIÓN
Quizá hay cansancios que no vienen solo de lo que vivimos, sino también de la forma en que hemos aprendido a acompañarnos mientras lo vivimos. Y darse cuenta de eso no cambia todo de golpe, pero sí coloca una pregunta distinta sobre la mesa: cómo ha sido estar con uno mismo durante tanto tiempo.
A veces, debajo de la exigencia constante, solo queda una parte que lleva años intentando sentirse suficiente. No siempre sabemos reconocerla cuando aparece. Tal vez por eso algunas personas pasan tanto tiempo sobreviviendo a su propia voz sin notar cuánto pesa.
LA OPINIÓN PERSONAL DE ENDIKA
Yo creo que hemos normalizado tanto la dureza hacia nosotros mismos que incluso la llamamos disciplina, responsabilidad o fortaleza. Y no siempre lo es. A veces solo es una forma aprendida de permanecer en guerra con lo que somos cuando estamos cansados, perdidos o no llegamos a todo.
Escribo sobre esto porque me cuesta creer que una persona deba merecer comprensión solo cuando funciona bien. Para mí, una de las formas más silenciosas de abandono es acostumbrarse a vivir sin paciencia hacia uno mismo y terminar pensando que eso es lo normal.
Un fuerte abrazo de un vasco que ha reflexionado.
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BIENVENIDO A LA PORTADA DE UNA LOCURA REFLEXIVA.
Estas son las reflexiones de un vasco que a lo largo de su vida se han ido almacenando en su cabeza.
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