Hoy es 03 DE AGOSTO DE 2026. Hay días en los que buscamos cualquier excusa para no quedarnos a solas con nosotros mismos. Llenamos el tiempo de tareas, conversaciones o ruido porque el silencio, a veces, parece demasiado incómodo. No siempre somos conscientes de que esa necesidad de estar ocupados esconde algo más.
Resulta curioso que podamos compartir tiempo con muchas personas y, aun así, evitar el único encuentro que no podemos dejar para siempre: el que tenemos con nosotros. Esa incomodidad suele aparecer sin hacer ruido, como una sensación difícil de explicar que preferimos dejar para otro momento.
La reflexión del 03 DE AGOSTO DE 2026
No huir de estar contigo
A veces también me cuesta quedarme a solas conmigo. No por el silencio, sino por todo lo que aparece cuando ya no hay nada que distraiga lo que siento.
Descubro que no siempre huyo del mundo, muchas veces huyo de mí. Y reconocerlo no me hace más débil; solo me recuerda que también soy un lugar por conocer.
Hay encuentros que solo ocurren cuando dejas de escapar de ti.
¿LO ANALIZAMOS?
Cuando el silencio incomoda
Muchas veces no evitamos estar solos, sino encontrarnos con lo que aparece cuando el ruido desaparece. Pensamientos pendientes, emociones que quedaron aplazadas o preguntas que nunca terminamos de responder encuentran un espacio cuando dejamos de distraernos.
Con el tiempo aprendemos a interpretar esa incomodidad como si fuera una señal de que algo va mal. Entonces buscamos llenar cada momento, convencidos de que estar ocupados siempre es mejor que detenernos. Sin darnos cuenta, convertimos la distancia con nosotros mismos en una costumbre.
Quedarse sin escapar
Hay momentos en los que no ocurre nada extraordinario. Solo estamos ahí, compartiendo un rato con nuestros propios pensamientos. Esa experiencia puede resultar extraña porque no estamos acostumbrados a mirarnos sin la prisa de tener que hacer, resolver o demostrar algo.
No todo lo que aparece en ese espacio necesita una respuesta inmediata. Algunas emociones simplemente piden ser reconocidas antes de desaparecer. Permanecer ahí, aunque sea por un instante, también forma parte de la relación que construimos con nosotros mismos.
CONCLUSIÓN
Quizá el encuentro más difícil no sea con otras personas, sino con la versión de nosotros que aparece cuando desaparecen las distracciones. Ese espacio puede resultar incómodo, pero también dice mucho de cómo nos estamos viviendo por dentro.
No siempre hace falta entender todo lo que sentimos para reconocer que forma parte de nosotros. A veces basta con aceptar que también existimos en esos momentos de calma, donde no hay nada que demostrar y, simplemente, seguimos siendo quienes somos.
LA OPINIÓN PERSONAL DE ENDIKA
Creo que una de las formas más silenciosas de alejarnos de nosotros mismos es no soportar nuestra propia compañía. Hemos aprendido a llenar cada vacío con algo externo porque permanecer a solas parece una pérdida de tiempo o una señal de que algo no funciona. Yo no lo veo así. Me preocupa más quien nunca se encuentra consigo que quien necesita, de vez en cuando, quedarse en silencio.
No creo que el mayor miedo sea la soledad. Creo que el verdadero miedo es descubrir quiénes somos cuando desaparecen las distracciones. Y mientras sigamos huyendo de ese encuentro, seguiremos buscando fuera respuestas que nunca podrán sustituir una conversación pendiente con nosotros mismos.
Un fuerte abrazo de un vasco que ha reflexionado.
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BIENVENIDO A LA PORTADA DE UNA LOCURA REFLEXIVA.
Estas son las reflexiones de un vasco que a lo largo de su vida se han ido almacenando en su cabeza.
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