16 DE OCTUBRE DE 2026

FRASES 2026

Hoy es 16 DE OCTUBRE DE 2026. Hay emociones que no necesitan ser especialmente grandes para incomodarnos. Basta con que lleguen en un momento en el que no queremos sentirlas: una tristeza que aparece sin avisar, una preocupación que vuelve cuando creíamos haberla dejado atrás, una conversación pendiente que seguimos evitando. Entonces surge algo bastante humano: buscamos distraernos, ocuparnos en cualquier cosa o mirar hacia otro lado.

No siempre huimos porque seamos incapaces de afrontar lo que ocurre. A veces simplemente no sabemos cómo permanecer cerca de algo que nos desordena por dentro. Hemos aprendido a valorar mucho la sensación de control y, cuando algo nos la quita, la incomodidad puede parecer una señal de que tenemos que escapar de ella. Pero sentirnos incómodos no significa necesariamente que haya algo que debamos resolver inmediatamente.

NO HUIR DE LO INCÓMODO

Hay momentos en los que lo incómodo pesa tanto que mi primer impulso es apartarlo. Como si no mirarlo pudiera hacerlo desaparecer antes de tener que sentirlo.

Pero algunas cosas no se van porque las ignoremos. Permanecen ahí, esperando que podamos estar con ellas sin fingir que no existen, aunque aún no sepamos qué hacer.

Lo incómodo también merece un lugar.

Cuando queremos apartar lo que duele

Existe una diferencia entre necesitar distancia y convertir la huida en nuestra única forma de relacionarnos con lo que sentimos. Podemos llenar los días de ruido, conversaciones, trabajo o entretenimiento y, durante un tiempo, quizá consigamos no pensar demasiado. El problema aparece cuando confundimos no sentir con estar bien. Lo que queda fuera de nuestra atención no desaparece por haber dejado de mirarlo.

También solemos exigirnos comprender demasiado rápido aquello que nos pasa. Queremos saber por qué estamos así, cuánto durará y qué significa. Y cuando no encontramos una respuesta clara, aparece otra incomodidad: la de no tener respuestas. Entonces el sentimiento original queda acompañado por la frustración de no saber explicarlo. A veces, ni siquiera necesitamos entenderlo completamente para reconocer que está ahí.

Permanecer sin tener respuestas

Hay algo diferente en quedarse un poco más cerca de aquello que nos resulta incómodo. No significa disfrutar del malestar, justificarlo ni convertirlo en una parte permanente de nuestra identidad. Significa reconocer que existe sin añadirle inmediatamente una lucha contra él. La presencia puede ser mucho más sencilla que la solución: saber que hoy algo pesa y no obligarnos a fingir que pesa menos.

Quizá por eso sostenerse no siempre tiene una apariencia visible. Puede ser simplemente dejar de escapar durante unos instantes de aquello que estamos sintiendo. Sin dramatizarlo, pero tampoco escondiéndolo. Hay días en los que no necesitamos encontrar una explicación brillante ni transformar lo que ocurre. Basta con poder permanecer ahí, sin abandonar nuestra propia experiencia por el hecho de que resulte incómoda.

La incomodidad forma parte de estar vivos de una manera que no siempre encaja con el ritmo que nos imponemos. Hay cosas que llegan sin pedir permiso y emociones que no respetan nuestros planes. Pretender que todo lo que sentimos debe ser agradable, comprensible o fácil de manejar termina convirtiendo la propia experiencia en una lucha añadida.

Quizá permanecer cerca de lo incómodo tenga que ver con una forma más honesta de estar con uno mismo. No para quedarse atrapado en aquello que duele, sino para no tener que desaparecer de uno mismo cada vez que algo resulta difícil de mirar. Algunas emociones no necesitan que las venzamos. Tal vez solo necesitan que dejemos de abandonarnos mientras están presentes.


Yo desconfío de esa necesidad constante de convertir cualquier incomodidad en un problema que hay que solucionar. Hemos llegado a pensar que sentirnos bien debería ser el estado normal y que todo aquello que lo altera necesita una respuesta inmediata. No comparto esa mirada. Hay experiencias que no se resuelven rápidamente y eso no las convierte en fracasos personales.

En Reflexiones de Un Vasco prefiero hablar de permanecer antes que de vencer. No creo que huir de todo lo que incomoda nos haga más fuertes; creo que, en ocasiones, simplemente nos aleja de una parte de nosotros que también necesita ser escuchada. Y para mí, ahí empieza una forma más sincera de presencia: no exigirnos estar bien cuando todavía estamos intentando entender qué nos pasa.

Un fuerte abrazo de un vasco que ha reflexionado.

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Estas son las reflexiones de un vasco que a lo largo de su vida se han ido almacenando en su cabeza.

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