Hoy es 06 DE OCTUBRE DE 2026. Hay momentos en los que algo nos asusta y, aun así, sentimos la necesidad de aparentar que estamos bien. Nos hemos acostumbrado a esconder ciertas palabras porque tememos que al pronunciarlas alguien pueda ver una parte de nosotros que preferiríamos mantener protegida. Decimos que estamos cansados, preocupados o inseguros, pero a veces evitamos la palabra que realmente describe lo que está ocurriendo: miedo.
También existe una presión silenciosa por parecer capaces de afrontar cualquier cosa sin que nos tiemble la voz. Como si reconocer que algo nos asusta fuera concederle demasiado poder, o mostrarnos más vulnerables de lo que creemos permitido. Y quizá por eso hay emociones que sentimos con claridad, pero que nos cuesta muchísimo nombrar.
La reflexión del 06 DE OCTUBRE DE 2026
DECIR QUE TE ASUSTA ALGO
A veces me cuesta decir que algo me asusta. No porque el miedo sea extraño, sino porque ponerlo en palabras me hace sentir más expuesto de lo que esperaba.
Y, sin embargo, decir «esto me asusta» también es reconocer lo que estoy sintiendo, sin esconderlo detrás de una fortaleza que quizá hoy no tengo.
A veces, decir que tienes miedo ya es una forma de no esconderte.
¿LO ANALIZAMOS?
Cuando el miedo se queda sin palabras
A veces confundimos reconocer el miedo con darle demasiada importancia. Lo escondemos detrás de un «no pasa nada», cambiamos de tema o buscamos rápidamente una explicación que nos permita parecer tranquilos. El problema no está en sentir miedo, sino en creer que nombrarlo nos hace menos capaces, menos seguros o menos preparados.
También podemos caer en el error de compararlo. Pensamos que aquello que nos asusta no debería afectarnos porque otras personas parecen afrontarlo con más facilidad. Y entonces aparece una segunda carga: además de sentir miedo, empezamos a juzgarnos por sentirlo. Sin darnos cuenta, dejamos de escuchar lo que ocurre dentro para intentar demostrar algo hacia fuera.
Poder decir lo que está pasando
Decir «esto me asusta» no cambia necesariamente aquello que tenemos delante. Tampoco hace desaparecer la incertidumbre ni convierte una situación difícil en algo sencillo. Pero hay algo diferente cuando una emoción deja de permanecer escondida y encuentra una palabra que la representa con honestidad. Ya no tenemos que fingir que no existe.
Quizá por eso hay momentos en los que lo más humano no es mostrarse fuerte, sino poder reconocer con sencillez aquello que nos está removiendo. No para quedarse ahí ni para encontrar inmediatamente una respuesta, sino para dejar de añadir silencio a una emoción que ya está ocupando bastante espacio.
CONCLUSIÓN
Hay emociones que necesitan menos explicaciones y más honestidad. El miedo puede aparecer en lugares inesperados, incluso cuando por fuera seguimos haciendo nuestra vida con normalidad. Reconocerlo no lo hace más grande; simplemente permite mirarlo sin tener que disfrazarlo de otra cosa.
Quizá haya algo dentro de ti que hoy todavía cuesta nombrar. No hace falta decidir qué significa ni encontrar una respuesta inmediata. A veces basta con escuchar cómo suena esa emoción cuando dejamos de exigirnos que parezca otra distinta.
LA OPINIÓN PERSONAL DE ENDIKA
Yo creo que hemos convertido la fortaleza en una obligación absurda. Como si admitir que algo nos asusta nos quitara valor y tuviéramos que esconder el miedo para conservar una imagen de seguridad. Yo no comparto esa forma de entendernos. Para mí, reconocer el miedo no es una derrota: es dejar de mentir sobre lo que estamos viviendo.
Desde este proyecto prefiero hablar de lo que sentimos sin maquillarlo para que resulte más cómodo. Me interesa mucho más una persona capaz de decir «esto me asusta» que alguien empeñado en demostrar que nada le afecta. No creo que tengamos que parecer invulnerables para ser fuertes.
Un fuerte abrazo de un vasco que ha reflexionado.
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BIENVENIDO A LA PORTADA DE UNA LOCURA REFLEXIVA.
Estas son las reflexiones de un vasco que a lo largo de su vida se han ido almacenando en su cabeza.
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