Hoy es 27 DE OCTUBRE DE 2026. Hay miedos que no llegan haciendo ruido. Se instalan poco a poco, acompañan determinadas decisiones, aparecen antes de una conversación o regresan cuando creemos que ya los habíamos dejado atrás. Lo difícil no siempre es sentirlos, sino convivir con la sensación de que deberían haber desaparecido a estas alturas.
También existe una forma silenciosa de cansancio que aparece cuando llevamos demasiado tiempo anticipando aquello que podría ocurrir. El miedo permanece, pero nosotros tampoco somos exactamente los mismos después de haberlo sostenido durante tanto tiempo. Entre ambas cosas puede abrirse un espacio que no siempre sabemos reconocer.
La reflexión del 27 DE OCTUBRE DE 2026
El miedo también se cansa
Hay días en que el miedo parece ocuparlo todo, incluso cuando nada nuevo ocurre. Y, sin embargo, también puede llegar un momento en que simplemente se cansa.
A veces no desaparece ni encuentra una respuesta; solo pierde fuerza después de tanto tiempo sosteniendo la misma alerta. Y quizá eso también merece ser reconocido.
Hasta el miedo puede quedarse sin fuerzas.
¿LO ANALIZAMOS?
Cuando el miedo lleva demasiado tiempo contigo
A menudo interpretamos la permanencia del miedo como una señal de que algo sigue estando mal. Si continúa después de semanas, meses o incluso años, podemos pensar que no hemos avanzado, que seguimos atrapados en el mismo lugar o que deberíamos haber aprendido ya a vivir sin esa sensación. Así convertimos el paso del tiempo en una especie de examen que sentimos que estamos suspendiendo.
Pero el miedo no siempre permanece con la misma intensidad. Hay ocasiones en las que sigue presente y, al mismo tiempo, ha dejado de ocupar exactamente el mismo espacio. Puede seguir apareciendo antes de aquello que nos inquieta, aunque ya no consiga alterar cada parte del día. Confundir presencia con dominio puede hacernos creer que nada ha cambiado cuando, en realidad, nuestra relación con aquello que sentimos sí puede haberse transformado.
El espacio que queda cuando afloja
Hay un momento difícil de identificar en el que el miedo deja de exigir toda nuestra atención. No necesariamente porque hayamos encontrado una respuesta ni porque aquello que nos preocupaba haya desaparecido. Simplemente, después de permanecer tanto tiempo en alerta, puede aparecer cierta fatiga. Como si incluso esa emoción necesitara dejar de ocupar el centro durante un instante.
Ese espacio no tiene por qué convertirse inmediatamente en tranquilidad. Puede sentirse extraño, incluso incómodo, porque estamos acostumbrados a escuchar el miedo con tanta atención que su silencio parcial puede desconcertarnos. Pero quizá no todo espacio vacío necesita ser llenado con otra emoción. A veces basta con reconocer que, por un momento, aquello que nos mantenía tensos ya no está hablando tan alto.
CONCLUSIÓN
El miedo tiene una presencia particular en nuestra vida porque suele hacernos mirar hacia delante, hacia aquello que todavía no ha sucedido. Pero el tiempo también modifica la manera en que miramos esas posibilidades. Algunas siguen preocupándonos y otras pierden parte de su peso sin que sepamos exactamente cuándo ocurrió el cambio.
Quizá por eso hay emociones que no necesitan ser expulsadas para dejar de ocupar tanto espacio. El miedo puede seguir formando parte de un día y, aun así, permitir que ese día contenga otras cosas. Tal vez también exista una forma de descanso en ese instante en que deja de ser necesario escucharle todo el tiempo.
LA OPINIÓN PERSONAL DE ENDIKA
Yo creo que hemos aprendido a tratar el miedo con una exigencia absurda. Parece que sentirlo demasiado tiempo fuese un fracaso personal y que nuestra obligación consistiera en vencerlo cuanto antes. No comparto esa mirada. Hay miedos que necesitan tiempo, y convertir ese tiempo en una lucha constante solo añade otra carga a la que ya existe.
Desde Reflexiones de Un Vasco, prefiero mirar el miedo sin convertirlo en enemigo ni en maestro. No todo lo que sentimos tiene que desaparecer para que podamos seguir viviendo. A veces, incluso una emoción que nos ha acompañado demasiado tiempo puede tener derecho a cansarse, bajar la voz y dejar un poco de espacio para que simplemente estemos.
Un fuerte abrazo de un vasco que ha reflexionado.
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BIENVENIDO A LA PORTADA DE UNA LOCURA REFLEXIVA.
Estas son las reflexiones de un vasco que a lo largo de su vida se han ido almacenando en su cabeza.
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