Hoy es 15 DE OCTUBRE DE 2026. Hay emociones que llegan acompañadas de una segunda reacción: la incomodidad de tenerlas. No solo aparece la tristeza, el miedo o el cansancio, sino también esa sensación de que quizá no deberíamos estar así. Entonces empezamos a medir lo que sentimos, a compararlo con lo que creemos que sería razonable y, muchas veces, a reprocharnos aquello que no hemos elegido sentir.
Vivimos con cierta costumbre de exigirnos una explicación incluso para nuestras emociones. Queremos saber por qué estamos mal, cuánto debería durar y en qué momento tendría que desaparecer. Y cuando no encontramos una respuesta que nos convenza, podemos terminar convirtiendo una emoción pasajera en un juicio sobre nosotros mismos. Quizá ahí comienza una parte del peso que no estaba en la emoción original.
La reflexión del 15 DE OCTUBRE DE 2026
Permitirte sentir sin juzgar
Hay días en que sentir tristeza, miedo o cansancio parece una falta que debemos explicar. Como si hasta sentir tuviera que hacerse bien y sin molestar.
A veces no pesa tanto la emoción como la forma en que nos hablamos mientras la atravesamos. Juzgarnos puede añadir una soledad innecesaria a lo que ya duele.
Lo que sientes no necesita permiso para existir.
¿LO ANALIZAMOS?
No todo lo que sientes está mal
Existe una diferencia importante entre sentir algo y estar de acuerdo con aquello que sentimos. Podemos experimentar enfado sin querer actuar desde él, tristeza sin querer quedarnos en ella o miedo sin considerar que tenga razón. Sin embargo, a veces confundimos aceptar la presencia de una emoción con justificar todo lo que pueda provocar. Y esa confusión nos lleva a intentar expulsarla antes incluso de haberla escuchado.
También podemos juzgarnos por sentir aquello que, desde fuera, parece poco importante. Una conversación que nos afectó más de lo esperado, una decepción que todavía permanece, el cansancio después de una etapa exigente. Nos decimos que hay personas con problemas mayores, que deberíamos ser más fuertes o que ya tendríamos que haberlo superado. Pero comparar el tamaño de las circunstancias no hace desaparecer la experiencia que está ocurriendo dentro de nosotros.
La amabilidad también cuenta
Permitirse sentir sin juzgar no significa quedarse atrapado en una emoción ni convertirla en una definición de quién somos. Significa poder reconocer que, en este momento, algo está ocurriendo dentro de nosotros sin añadir inmediatamente una condena. La tristeza puede estar presente sin convertirnos en personas tristes. El miedo puede aparecer sin decidir por completo quiénes somos. El cansancio puede existir sin convertirse en una acusación contra nuestra capacidad para continuar.
Quizá la amabilidad hacia uno mismo comienza en un lugar mucho más sencillo de lo que solemos imaginar: en dejar de tratarnos como si cada emoción fuera una prueba que debemos aprobar. Hay momentos en los que no necesitamos entenderlo todo ni encontrar una explicación convincente. Solo existe una experiencia que merece ser mirada con algo menos de dureza. No porque sea agradable, sino porque también forma parte de nuestra realidad.
CONCLUSIÓN
Hay una forma de relacionarnos con nosotros mismos que se revela precisamente en esos momentos en los que no estamos como quisiéramos. Cuando desaparece la necesidad de aparentar equilibrio, quizá queda una relación más honesta con lo que ocurre por dentro. No siempre podemos elegir aquello que sentimos, pero sí podemos observar cuánto sufrimiento añadimos cuando convertimos esa emoción en motivo de rechazo hacia nosotros mismos.
Tal vez la autocompasión no tenga que parecerse a hablarse bonito ni a encontrar algo positivo en cada experiencia. Puede ser algo más sobrio: reconocer nuestra propia humanidad incluso cuando estamos incómodos con ella. Y quizá, en ese espacio donde dejamos de pelearnos con lo que sentimos, aparezca una clase de calma que no consiste en estar bien, sino en no tener que estar bien todo el tiempo.
LA OPINIÓN PERSONAL DE ENDIKA
Pienso que nos hemos acostumbrado demasiado a juzgar nuestras emociones como si fueran una parte defectuosa de nosotros que hubiera que corregir. Me parece especialmente injusto exigirnos serenidad cuando estamos atravesando algo que todavía no sabemos colocar. No defiendo vivir permanentemente dentro del malestar, pero sí creo que hay una diferencia enorme entre querer comprender lo que sentimos y avergonzarnos por sentirlo.
En Reflexiones de Un Vasco prefiero hablar de esa parte menos cómoda de nosotros sin disfrazarla de aprendizaje obligatorio. No todo sentimiento tiene que enseñarnos algo, transformarnos o hacernos mejores. Algunos simplemente aparecen. Y para mí, tratarnos con un poco más de humanidad en esos momentos no es indulgencia: es dejar de añadirnos una batalla que quizá nunca necesitamos librar.
Un fuerte abrazo de un vasco que ha reflexionado.
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BIENVENIDO A LA PORTADA DE UNA LOCURA REFLEXIVA.
Estas son las reflexiones de un vasco que a lo largo de su vida se han ido almacenando en su cabeza.
